Cuando hablamos de energía, envejecimiento y salud celular, hay una molécula que está despertando cada vez más interés en la medicina y la investigación: el NAD+.
Su nombre completo es nicotinamida adenina dinucleótido, pero no necesitas memorizarlo. Lo importante es entender que está presente en nuestras células y participa en procesos esenciales para que puedan obtener energía, responder al estrés celular y realizar funciones relacionadas con la reparación del ADN.
Podríamos imaginar al NAD+ como una especie de “colaborador” que permite que muchas tareas celulares ocurran correctamente. Tiene una relación muy estrecha con las mitocondrias, esas pequeñas estructuras que transforman los nutrientes en la energía que nuestras células necesitan.
Por eso, cuando hablamos de salud mitocondrial, inevitablemente también terminamos hablando de NAD+.
Con el paso de los años, el metabolismo del NAD+ puede modificarse. La investigación ha encontrado cambios relacionados con la edad y con algunas enfermedades metabólicas, aunque todavía estamos aprendiendo cómo ocurre este proceso en los diferentes tejidos del cuerpo humano. No todas las personas envejecen igual y tampoco podemos atribuir el envejecimiento a una sola molécula.
El NAD+ también participa en mecanismos relacionados con la reparación celular y con proteínas que ayudan a las células a responder frente al estrés. Esto explica por qué actualmente está siendo estudiado en áreas como envejecimiento saludable, metabolismo, función muscular y salud cerebral.
Pero aquí es importante hacer una diferencia: que una molécula esté relacionada con el envejecimiento no significa que aumentarla automáticamente nos haga más jóvenes.
La investigación con NAD+ y con sustancias que el organismo utiliza para producirlo ha mostrado resultados interesantes, especialmente en estudios experimentales. Sin embargo, los estudios realizados en humanos todavía presentan resultados variables y no permiten hablar de una terapia capaz de detener o revertir el envejecimiento.
Por eso prefiero verlo desde una perspectiva más amplia.
Nuestro organismo produce y utiliza NAD+ constantemente, y su funcionamiento depende de todo un entorno metabólico. La actividad física, una alimentación adecuada, el descanso, nuestros ritmos de sueño y vigilia y una buena salud metabólica siguen siendo pilares fundamentales para conservar una adecuada función celular.
Aquí encontramos nuevamente algo que repito con frecuencia en consulta: no podemos separar una molécula del resto del organismo.
No sirve de mucho buscar una estrategia específica para la energía celular si al mismo tiempo dormimos poco, permanecemos sedentarios, tenemos alteraciones importantes de glucosa o dejamos de cuidar nuestra alimentación.
La medicina de la longevidad está avanzando rápidamente y el NAD+ seguramente continuará siendo un área importante de investigación. Pero envejecer saludablemente no depende de encontrar una única sustancia capaz de detener el tiempo.
Depende de conservar el mayor tiempo posible nuestras funciones: mantener músculo, cuidar el metabolismo, proteger el cerebro, dormir adecuadamente y detectar a tiempo aquellos cambios que pueden aumentar el riesgo de enfermedad.
Comprender moléculas como el NAD+ nos permite conocer mejor cómo funcionan nuestras células. Y ese conocimiento puede ayudarnos a entender algo todavía más importante:
la energía y la vitalidad no comienzan solamente en lo que sentimos. Comienzan mucho antes, dentro de cada célula.
— Dra. Delia Osorio
