¿Por qué sigo con malestares si mis exámenes salen bien?

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 Por la Dra. Delia Osorio, Clínica de Medicina Biológica e Integrativa

Una de las preguntas más frecuentes que recibo en consulta es:
“Doctora, ya me hice todos los exámenes y me dicen que estoy bien… pero yo no me siento bien.”

Detrás de esa frase suele haber una historia larga. Personas que han visitado varios médicos, que han cambiado su alimentación, que han probado medicamentos o suplementos, y que a pesar de todo, siguen sintiendo que algo no está bien. Esa sensación de malestar, aunque no siempre tiene un nombre o un diagnóstico claro, es real. Y es una señal que no debe ignorarse.

Desde la medicina biológica e integrativa vemos la salud de forma distinta. No nos quedamos únicamente con los resultados de laboratorio, porque entendemos que muchas veces el cuerpo empieza a manifestar desequilibrios antes de que algo “salga mal” en los análisis clínicos. Es decir, los exámenes pueden estar dentro de los rangos normales, pero eso no significa que todo esté en equilibrio. De hecho, es bastante común que personas con exámenes normales se sientan cansadas, inflamadas, ansiosas, irritables, con dolores frecuentes o sin energía para sus actividades diarias.

El cuerpo es sabio. Y cuando algo no está funcionando como debería, lo expresa. A veces lo hace a través del insomnio, otras veces con cambios digestivos o con una fatiga que no mejora con el descanso. Hay quienes sienten una presión constante en el pecho, quienes notan que les cuesta concentrarse o que sus emociones están más intensas de lo habitual. Estos síntomas no siempre se relacionan directamente con una enfermedad, pero sí con un desequilibrio que necesita ser atendido.

En nuestra clínica, cuando recibimos a una persona con este tipo de situaciones, empezamos por escuchar. Detrás de cada síntoma hay una historia que merece ser comprendida. Nos interesa saber cómo duerme, qué come, cuánto se mueve, cómo está su entorno familiar o laboral, qué medicamentos ha usado, cómo maneja el estrés o qué situaciones ha atravesado últimamente. A veces el cuerpo se sobrecarga de toxinas ambientales, de alimentos ultraprocesados, de emociones no gestionadas, de falta de descanso o de tensiones constantes que, con el tiempo, terminan afectando su funcionamiento.

Por ejemplo, he acompañado a pacientes que llevan años tomando analgésicos para el dolor sin encontrar alivio, cuando en realidad lo que su cuerpo necesitaba era un proceso de desintoxicación hepática. O personas con cuadros de ansiedad persistente, que luego de regular su sistema digestivo empezaron a sentirse más tranquilas y estables emocionalmente. Porque sí, el intestino y el cerebro están conectados de forma directa, y lo que pasa en uno afecta al otro. También he visto cómo mujeres con desequilibrios hormonales logran recuperar su bienestar cuando se les acompaña desde una mirada integral, abordando no solo lo físico, sino también lo emocional y lo energético.

La medicina biológica no busca “etiquetar” a las personas con un diagnóstico. Más bien, busca comprender lo que está ocurriendo y dar herramientas reales para que el cuerpo recupere su capacidad de autorregularse. No se trata de llenar al paciente de medicamentos, sino de crear un plan personalizado que incluya alimentación adecuada, apoyo con terapias naturales, manejo del estrés y mejora del estilo de vida.

Entiendo lo difícil que puede ser vivir con síntomas que nadie parece tomar en serio. Escuchar frases como “es estrés”, “todo está en tu mente” o “los exámenes están bien, puede ser doloroso y hasta invalidante. Por eso, quiero decirte algo importante: sí hay algo que hacer. Tu malestar tiene una razón de ser. Y tu cuerpo está pidiendo atención, no silenciamiento.

En nuestra clínica, te recibimos, con el compromiso de acompañarte y buscar juntos el origen de lo que estás viviendo. Porque sanar muchas veces empieza con ser escuchado de verdad.

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